18/10/13

Eso de la mentira

La mentira es lo mío, no lo vamos a negar.
Días y días de insistente persecución, ¡meses! pensando en eso de dejarla, de interactuar con la humanidad sin velos ni engaños. Pero en este breve intento (esta birra de semáforo y charla por compañía) encuentro en una mentirita básica la comodidad que recordaba. No miento mucho, cuento hechos reales y seres reales, pero invento una exageración que me da pie a una sonrisa (a otro trago que sigue y a esa persona conocida por aquellos que recuerdan mi nombre).
Si yo soy la mentira, ¿es mentir realmente un engaño?
Tomo otro trago y no lo pienso más, no viene al caso. Sigo en la meta fija del día: ratificar lo que él siente por ella (sin dudas ni fracasos), y mi eclipse entrre semana.

Pero si la mentira es lo mío, voy a estar necesitando a alguien que me explique por qué un hechicero (sin hacer uso de su magia) es capaz de aparecer enfrente mío, sacar las verdades como un hilito y sin pedirlas. O que me diga porqué sigo prefiriendo el infinito espiral a esa nada en la que era (y era cómoda). Si realmente somos una con ella, si nos coordinamos tan perfectamente (ese par de pedales rotos que no dejan de girar en paralelo), porqué somos y no soy...?

Me he ido persuadiendo a seguir una línea, una que no la implique (que nos separe). Me vengo diciendo que existo en este universo de la manera que debo aprender a manejarme; y tan breve me alimenta (la maldita), me recuerda de como nos tomábamos turnos para respirar, nos aliviábamos mutuamente. Los parásitos son una cosa hermosa, una existencia creada únicamente para balancear.
Los parásitos son siempre los llamativos, los coloridos y brillantes seres que le dan su peculiar personalidad al día a día, son el momento en que la luz le pega al café de la mañana derramado sobre el escritorio, esa motocicleta hermosa que te hizo frenar por gusto, la sonrisa que se te adelantó en el kiosko. Los parásitos son (por turnos) los que rescatan o matan un día, pero hasta en el peor de los ratos, lo hacen cambiar.
Y con ellos (seres luminosos) los benditos cambios de temporada: flores incrustadas en el ojo, clima errático, llegar sudada y salir a empaparse, pérdida de la noción del tiempo (y todas esas otras asquerosas cosas que amamos).
"Pero" ...la suave voz en el fondo de la cabeza, "hay que seguir pedaleando" y sigo hasta llegar a casa, enfrentarme al orden que he impuesto y hundirme en la almohada , intentando olvidar que cuando hay magia presente esto de dejar la vida radiante parece tener sentido, y dejarme caer a otro día de tortuosa condena para cerrar la semana (y seguirme persuadiendo).

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