Ya ni siquiera es algo desde adentro que debo vomitar, he vaciado todo. No es la que golpea maldita, cuando las responsabilidades son otras (aunque lo sean), ni los silencios ensayados que ahora pesan en el cuello y nos tiran el pelo hacia atrás y hacia arriba. No son las noches frías, ni los medios días tibios. No es la comida, no son los cigarros, o las tazas de café. No son las hojas (centenares de hojas flotan por el cuarto, todas escupidas de tinta mal gastada) ni son las tardes "pero-qué?" del parque vacío. No son los recuerdos que se avalanzan hambrientos, no son las copas vacías que ruedan por el suelo (ni las botellas que las acompañan). No son los calendarios heridos por lapiceros azules y rojos, que reprimen los días. No son las aulas con olor a comida, ni los alumnos que bajan las escaleras despacio. No es la combi, ni el momento incómodo antes de ella en el que intento hablar y no sale ni el clima. No son tus ojos, ni tus manos, ni tus palabras.
Son esos viajes inmundos en el gusano. El viaje tembloroso (si no logro sentarme es peor) en el que me aferro al metal y alucino; sin música, sin aparato, sin libro. Son esos viajes de recién-amanece-y-no-he-comido, de voy-al-kiosko-rápido. Esos viajes con sus minutos exactos, con sus puertas que bailan y las sombras que me miran dudando. Esos viajes en los que subo por la escalera fija (la mecánica no tiene molinete, no vas a poder volver). Esos viajes en los que llego al sol casi pidiendo permiso, que miro tres veces sobre mi hombro al subir el primer tramo (ahora si en la segunda mecánica). Esos viajes en los que veo el número dos y pienso en que aún no has llegado, que vas a faltar.
Viajes inmundos en el gusano, en los que bajar por la puerta azul es temblar pensando en la esperanza blanca, en el compañero naranja. Viajes inmundos en los que pasa la parada y me he olvidado de bajarme, en los que guardo el asiento para el que jamás quiso sentarse.
Y me repito: "mañana la bicicleta", la puta bicicleta. Voy a aprender a llegar pedaleando de aquí a la cueva del gusano, de aquí a la boca, de aquí a tu casa. "Mañana la bicicleta", pero vos no querés que pedalee, no estás en el gusano, no caes ligeramente y con una sonrisa, comentas algo alejado. Pero vos no intentás encontrar mis ojos, robarme una sonrisa, tomarme la mano.
Vos no querés nada, y yo sigo pedaleando.
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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.