16/7/13

Frenazo de viernes por la mañana

Quisiera simplemente poder abrir la boca (separar los labios) y escupir de a una las respuestas a todo esto que nos ha estado pasando. Contarte los porqués de lo mío y de lo tuyo, contarte cuales compartimos, cuales no. Explicarte hilo por hilo la razón de cada uno de los días, cada una de las palabras y cada uno de los pasos. Y mostrarte al final de tanto lío (de ese laberinto interminable) un punto en común, dónde los cuentos de hadas y la cursilería cobren sentido y llenen de luz al mundo.
Quisiera simplemente poder decir algo concreto, algo más allá desde balbuceo molesto en el que lo único que logro distinguir es tu nombre y apellido. Quisiera poder detener esta avalancha seca, este constante ahogarse en pleno inhalar, este no-ser-nadie que nos tira ciegos, sordos, mudos e inmóviles afuera, que nos amordaza y nos aplasta. Quisiera poder...

Como si fuese realmente mi culpa. Como si mi generación, mi estado, mi planeta, mi ciudad, mi continente, mi apellido, fuesen de alguna forma consecuencia de mi persona. Abrazar la culpa de todo lo que tiene causa y responsable con tal de terminar eventualmente también abrazando la propia.
Es un hueco ridículo al que te has tirado esta vez y no pensamos seguirte (aunque valga la pena). Estábamos bien con toda la mezcla de mundos, incluso con la destrucción de los mismos, pero esta baba pegajosa y putrefacta en la que te hundís nuez nuestro camino.
Como si fuese nuestra idea haber venido acá, a este preciso momento en tu espacio-tiempo, como si hubiésemos elegido la compañía de cierta cosa peluda y compañero. Como si pusiésemos música e intentáramos comunicarnos con vos (con un vino en la mano, para relajar las cosas).

Sabes que es así, sabes que intento simplemente encontrar una letra simple que lo diga como venía en el golpe del estómago. 
Solamente sacar ese subir-la-cuesta, y no morir. Contarte que estabas en tres semáforos hoy, en dos bicis y en un auto color verde. Contarte que me viste tres veces cuando fui al kiosko, que estabas en el colectivo que seguí a la mañana. Que mientras me lavaba las manos terminaste la conversación que empezaste al lavarme los dientes. Que no me dejaste dormir tranquila, que soñé contigo. Solamente pedirte que no me tengas despierta hasta tan tarde hoy, que tengo que trabajar en la mañana, que no dejes de hacerme compañía nunca mientras cocino; la comida no sería lo mismo.
Y si pedirte, muy seriamente, que cuando esté tecleando, cuando tome el café, cuando encadene los pedales, cuando mire el aparato; no me recuerdes cuanto duele (porque mierda que duele). Y que no me avergüences cuando hay otros cerca, que esperes a que me encuentre aparte. Pedirte, por favor, que dejes de ser vos a quien llamo cuando no contestan, y dejen de ser tus mensajes los que llegan al celular de la china. Pedirte que todas las chicas que esperan el colectivo (las que cruzan la calle) dejen de ser todos demonios que son, y vuelvan a ser la chica hermosa de rastas, las tiernas pecas en la falda del colectivo, los ojos intensos en el semáforo, las piernas que pedalean frente a mi. Que el planeta vuelva a tener el sentido que le dabas (...ya que has decidido no irte jamás) y que no llegue la ceguera.

Quisiera simplemente (como en el aparato) poner una alarma para cuando sentir, cuando hablar y cuando callar. Poder limitarme a medios fuera de tu alcance para hablarte, limitarme a espacios privados para sentirte tan lejos (a los sueños para recordarte). Quisiera poder establecer justo y válido en mi, que esto no tiene que ver contigo, ni con ese agujero que he guardado en la mochila. Que no tiene que ver con la constante sensación de encontrarte en la próxima esquina, de cruzarte fuera de horario, de ver a tu lado el reflejo de algo que alguna vez conocí.
Evitar enfrentarme al hecho que te has ido, que se han ido. Que las ultimas piezas partieron y finalmente solo hemos quedado nosotros: la carcasa y el vacío que la habita. Evitar enfrentarme a los instantes en los que (segura de estar lidiando con una de nosotras) amenacé de muerte a personas ajenas al asunto, enfrentarme a sus rostros asqueados por la inmundicie, contaminados por el rechazo. Evitar la falta de aire (por sobre todo evitar la falta de aire) y evitar no poder enfrentarse a ese respiro cuando finalmente llegamos (cuesta abajo, frenando) y tiramos el pie y sabemos que por dos milésimas, vos no estas.

1 compradores:

Amanda dijo...

Sos una aburrida repetición de ti misma.

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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.