Respiro dentro de la copa y respiro profundo (olor a pan tostado). Pienso en la última vez que desayuné vino, sonrío. Pienso en la última vez que acompañé el desayunar vino con pan tostado, la sonrisa baja.
Pienso en lo que se dice desayunar, el correspondiente café, la paz (y, si se quiere, el cigarro). Pienso en la última vez que alguien tuvo la paciencia de hacerme desayuno (o peor, de esperar con el desayuno frío a que me despierte).
Pero para qué pensar en esas cosas, son de otra vida, de otro tiempo. El desayuno no existe en la realidad a la que nos teletransportamos; ni se enfría.
Bajo la copa con esa certeza de estirar el brazo (la mano) con la bolsa blanca. Ese no-puedo-levantar-la-mirada-porque-muero tan característico por aparentar desconexión absoluta, ese si-callo-hoy-vos-callás-mañana que sigue empujando metro a metro para que las ruedas sigan girando y el pequeño robot llegue al trabajo. Maldito sudar guardado en abrigos, maldito balcón, malditas luces. Maldito puto viento y putas hojas.
Bajo la copa segura (con la idea tatuada bajo las uñas) de que esperar una vieja mas (un taxi mas, un ciclista mas) es lo mismo que el pucho para el día siguiente. Segura de la ceguera, de la silla vacía en medio del aula llena de ecos extraños. Segura del sol y el frío que no traerán nada, de caminatas y luces llenas de la noción lejana de haberle visto un sentido a todo eso (casi como soñar, pero soñar despierta). Vuelvo a las ideas de la tarde, la compañera que nos recuerda porqué no comíamos carne. Vuelvo al último mensaje recibido: la amiga que pide comida sin bicho. Vuelvo la última persona vista, el compañero quejoso de tener que responsabilisarse. Vuelvo a ese abandonar constante de las cosas, el que ahora reclama deje de lado lo banal y me concentre (pero ¿cómo concentrarse, si vos misma te pedís dejarte de lado para prestar atención?). Ilusa.
Busco el cigarro resignada y me repito el clásico: mañana. Total ya compré otra caja, total amo el humo y los fósforos y pedalear dejando rastro. Total todo estaba perdido desde un principio.
I.LU.SA
No vamos a negar que un juicio hay, y que tiene fundamentos. No vamos a negar que era necesario forzarnos a esto, que te obligás a algo bueno. No vamos a negar todo lo que ya sabemos, ese discursito altruista que te decís en el espejo cuando es necesario salir al mundo con calma. NO.
Pero si te llamaremos ilusa. No has permitido que nada suceda. Solamente tenías que creer y eso era todo; creer lo que decís creer y hacer las cosas. Solamente tenías que estar viva (pero claro, ni eso bien).
Estúpida ilusa, dormí y despertá mañana, que los días siempre serán largos.
0 compradores:
Publicar un comentario
Decime que vendés y te digo cuanto te pago.