Abajo, con sus incesantes murmullos cortados, se estiran y se encojen las luces. Abajo se iluminan los rostros de los meseros que piden nombres de quienes en la caja se encierran. Es el centro de la atención, con la mayor variedad de colores y adornos ostentosos que puedan los visitantes colgarse y presumir por la vida el pagar caro los objetos desechables. Abajo está el espejo largo, que absorbe los pequeños reflejos rebeldes que vagan, que se estira alto cual columna y saluda vigorosamente al que pasa.
Arriba están todos congelados, fueron forzados a detenerse, a mostrarse con sus bracitos abiertos, pidiendo un abrazo. Arriba están los instrumentos para la manipulación del tiempo, para cerrar las correas que ahorcan a los perpetuadores del sistema, para vigilar al alto espejo y quienes lo saludan de regreso. Arriba los reflejos corren dentro de su caja, delatando todo y a todos. Los sonidos se camuflan con un parlante y otras cajitas de cristal marcan las paredes de ese encierro. Arriba está el banco y las teclas.
Y arriba tras las teclas, sobre el banco, se sienta la criatura a observar callada el agujero en la pared. Mira tras los ojos recortados de un cuadro y observa a los que entran, los que se ahogan en el murmullo de la multitud de abajo. Observa en silencio cuando puede, imitando a sus cautivos que esconde arriba consigo. Y cuando debe abrir el pico, emitir sonido, se le escapan graznidos atroces, ensordecedores y macabros: "Buen día" "Cualquier consulta me dice" "¿Le puedo ayudar en algo?". Escupe los sonidos y cierra el pico rápidamente, intentando no escuchar el eco de los mismos rebotando en el cristal, avergonzada por crear ruidos tales. Le sube el volumen a los parlantes y se hunde en eso, intentando no pensar o moverse. Sacudir la enorme caja con pensamientos podría despertar a los que logran dormir en ella, empeorar el murmullo, empeorar la condena. Sacudir la enorme caja con pensamientos podría costarle la efímera paz que logra en ella, podría recordarle lo mucho que duele, lo mucho que odia o como tiembla.
Permanece quieta y en silencio, pasando los ojos del agujero a las últimas palabras que le regalaron desde otro universo. Estas las lee y relee, esperando encontrar en ellas un espacio, una línea que le sirva de llave y la libere de la otra condena, la que no tiene reflejos o murmullos. La que solo es silencio y no termina puntual con el fin de turno.
Pero él no ha dicho más, ni dirá llave ni dirá libertad, sus palabras yacen ya quietas pidiendo silencio. Entonces la criatura practica, condena dentro de condena, reflejo de un reflejo, silencio de silencios... Y se queda quieta mientras observa.
0 compradores:
Publicar un comentario
Decime que vendés y te digo cuanto te pago.