14/2/13

Yo nado en cemento

Si todavía fuera sólo descanzar un minuto (escaparle al mundo) y hundirse rodeada de seres irreales. Cientos de imágenes fantásticas al lado, pero un recuerdo firme: volver a tierra.
Casi existe un temor ante la idea de la realidad (tan sólida y fría), de la ciudad (y su gente), de los cuartos (y sus sombras); de todo existir encadenado a reiniciarse, a corregirse borrando la copia actual.
Malditas teclas, que no nos permiten siquiera escucharles el ruido (acostumbrarnos) y se desparraman (rescabrajandose) sobre las piernas. Malditas ustedes y la constante de encontrarles el problema. Debí haber empezado por la versión que conozco, la que sé cómo dirigir. ¡Claro, como que todas las teclas fueran lo mismo...!

No tiene caso. He generado la intención de (aunque sea golpeando mi frente) lograr un estado, pero me quedo en este lodo mohoso de comodidad y frescura. Creo firmemente haber visto algo por acá, un destello (quizás un recuerdo).

"Es claro: fui pescada y ahora arrastro por los mares el cadáver y la caña. Siento entre los dientes el duro metal que me impide mantener el agua salada afuera; esta escapa por la herida que el mismo metal ha hecho y la lava.
Me sacudo con violencia, intentando a escaparle al reflejo que me persigue, cuando me doy cuenta que mi propia acción implica fuerza. Pero aún no noto que implica justamente la fuerza para llevarme a mi misma, pues el miedo no me deja ver de frente a quien intentó matarme.
Añoro la quietud y la calma, incluso de los días de ser piedra sin latido o sentimiento. Añoro cualquier tiempo en el que no era un paño húmedo, que al mas suave de los movimientos empapa todo a su alrededor. Añoro y me decido a seguirme moviendo, seguir flotando por los espacios hasta caer cansada y perder la conciencia, noche tras noche."

Olvidé que tenía pies y cuando vi al suelo eran ruedas, olvidé que tenía ojos y cuando vi el espejo eran lentes. Olvidé que existían seres en el mundo, olvidé que otros respiraban y escuchaban... Pero para entonces, acercarme y ver era decepción absoluta.
Ahora invade esta sensación de ser estorbo, permanentemente molestando.

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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.