25/1/13

La hora de la desesperanza

Tras largo rato de lucha interna, finalmente un lado vence al otro y el que sale, sale resignado. Doy unos pasos temblando, aún con dudas si realmente podré quedarme ahí, esperando. La impresión de la muerte que acabo de escuchar no genera ni medio movimiento, he sido conquistada por el horror de creerme capaz de pararme ahí, frente al agujero del gusano, y esperar a que salga el fantasma.

Pero tras un pucho y dos bancas, aún no pasa nada. Me invade el miedo y el corazón se me atora en el cuello, no puedo irme aunque intento. Tiemblo, siento el vomito subir y bajar por el esófago, tentándome. Tiemblo y veo a la gente que me mira, como el bicho raro en que me convierto cuando tengo miedo. Tiemblo y me digo en voz alta que debo irme, que urge irme, que es necesario. Bajo las escaleras casi cayéndome por el temblor, muy despacio. No puedo más. Me detengo frente a una puerta abierta y observo a los engendros pagar por entrar a la cueva. Aún nada.

Abajo me espera una larga esperanza que empuña una guitarra blanca, toca una melodía tranquila para calmarme. Le digo a gritos que no está funcionando, que seguro vomito en la próxima tanda. Observo y aún nada. Pasan los británicos y mi temblor ya retumba sobre las paredes de la caverna. "Es necesario irse" me digo, pero no hago caso (claro, sigo esperando). Y el reloj me dice con lástima que han pasado más de cuarenta minutos y debería ir a casa; el agujero me llama, la esperanza me llama, incluso los engendros alimañosos que siguen entrando me llaman. Pero no puedo moverme: voy a vomitar.

Finalmente aparece disfrazado de naranja un colega desconocido. Su cara de sorpresa al descubrir que conoce el origen del temblor de las paredes se disimula preguntándome qué hago ahí parada. A mi me parece obvio y me sonrío, pero intento explicarle. Es entonces que finalmente bajo la guardia, y contra mi, aprovecho el momento y me tiro escaleras abajo; logrando atrapar el siguiente gusano. Ya adentro me repito, intentanto sacarme los ojos que vigilan cada vidrio de los gusanos que nos pasan al lado: "No hacer contacto visual".
Incluso llegando a la guarida me sorprendo buscando, pero ya la inercia me lleva y voy a casa.
Tiemblo las escaleras, tiemblo los pasillos y tiemblo los asientos. Tiemblo toda yo pensando en no vomitar, llegar a casa y no vomitar. No debí haberlo hecho.
Intento hundirme en el aparato del demonio que tengo en la mano: funciona, me paso una estación.

Al salir, la gente me sigue mirando como el bicho asustado que soy, y tiemblo. Tiemblo en sobremanera analizando cuánto esperé al fantasma y no apareció (niña tonta, los fantasmas a veces son invisibles). Corro por las calles desesperada, pienso "casa, casa" y llego atormentada. Subo las gradas de a saltos dobles, casi con la certeza de vaciar el café de la vidriera sobre el piso de parquet. Tiemblan las manos y no pueden girar la llave, tiemblan las piernas y caigo al suelo. Finalmente tiemblan los ojos y todo se vuelve negro.
Casi con alivio me dejo llevar por el vacío, el frío-cemento que me consume, el golpe seco que no siento. Casi con alivio dejo salir todo el temblor desde adentro, que se escape por la puerta que entré hace pocos minutos (y que alguien más abra la siguiente).

Luego, cuando me siento en el banco y tiemblo lo que me quedaba por temblar, lloro a gemidos y sin lágrimas, pidiendo que alguien me lleve de la mano a dónde haya aire. Me pesa el día y me pesa lo que no vi, lo que no pasó. Mis temblorosas manos me aruñan el rostro, quieren deformar lo que queda, desangrar el alma. Ya no intento detenerlas, traerme hasta acá me ha costado demasiado.
Y luego serán brazos, piernas (lo sé) pero para entonces seré de piedra de nuevo y nadie podrá alcanzarme. Sonrío, finalmente yace el jugo gástrico en el suelo, mirando hacia arriba con la ironía de haber ganado (temo note que tardó suficiente). Finalmente vuelve el oído, tras horas de sordera absoluta. Vuelve con el sonido de la caja del otro lado de la calle, con los autos que pasan. Y con el sonido aparece la luz y veo la puerta: cerrada frente a mi, con mi llave colgando.

0 compradores:

Publicar un comentario

Decime que vendés y te digo cuanto te pago.