Soñó con un ser de otros tiempos, un ser que regaló fórmulas y misterios y luego desapareció en la bruma. Soñó que venía desde su desértico planeta a darnos consejos, resolvernos un par de acertijos y dejar un abrazo. Pero más que el sueño, la confirmación de haber estado soñando; varios días ya que empiezan con la pastosa sensación del sueño entre los dientes.
Y de golpe se retrocede al momento en el que salió corriendo del aula, otra vez. Esta vez no se hunde en lamento, esta vez no ve la fatalidad de la huida (o las consecuencias burocráticas que vendrán puntuales y certeras). Esta vez hay una esperanza sembrada con anterioridad, que espera ansiosa el otoño y pide agua...
Pero como suele suceder en estos casos de esperanzas sembradas con anterioridad, factores ajenos a "lo importante" terminan desmoronando el mundo y llevando a todos a un apocalipsis prematuro. Como suele suceder, ahora no puede escaparle a los recurrentes pensamientos que hablan de las fórmulas que compartió el ser con el que había soñado, o pensamientos que hunden más con esa idea de querer soñar a otros seres. Lo que sea por no darle paso a los pensamientos que van a terminar siendo los verdaderos catalizadores de lo que venga.
Claro, ¿cómo permitirse pensar en el desperdicio absoluto de sentimientos? ¿en ese subir hasta el punto máximo y entregar alma y cuerpo, para luego sin razón coherente tirarlo todo por la borda (convertirse en alimento de tiburones) mientras desde su torre vigía observa sin sonar alarmas, sin amagar rescate o siquiera torcer el rostro en una mueca de disgusto...? No, esas cosas no pueden pensarse (pensarlas llevaría a la idea de intentar arreglarlo, de arrastrarse por lo más bajo para conseguir una efímera esperanza antes de volver a caer en pedazos). No, mejor divagar con seres que no existen más, que adornan los rangos más altos de la colección de amigos imaginarios (después de todo, a ellos ya no se les rinden cuentas, ni a uno mismo por pensarlos). Mejor hundirse a ciegas y así ni conocer el camino ni la profundidad de agujero...
Y soñar, soñar con lo que venga. Pues solamente mientras se duerme (y se sueña) la realidad es digeriblemente bella.
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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.