17/12/12

Desde el vacío

Sentarse y querer suprimirlas todas, borrar cada una de las letras, las palabras guardadas en la memoria. Sentarse y negarse a seguir; ni escupitajos tristes, ni noches sombrías. Que venga la muerte pronto, pues he decidido no hablar más.

Admitir... no, ni eso. Simplemente no quiero enfrentarme más al mundo. Aquí ya no me queda nada (ni esperanzas) y allá afuera no hay mucho más.
Una vuelta, nos decimos, una vuelta y despedimos.
Casi da la impresión que alguien más lo calculó por nosotras, dejó cada pieza en su sitio, esperó el momento (la hora adecuada) y empujó la primera. Casi pareciera que alguien disfruta de esta interminable caída, de pronto vernos perecer...

Pero ya ni borrarlas, que no tienen valor alguno. Ya ni soñar con esa esperanza (menos sentirla) ni ver la noche o los días. Ya nada más que cumplir una promesa tardía (y dejarme consumir por mis propias toxinas).

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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.