Inmunda masa putrefacta:
Recuerdo que eras como ellos, un ser de luz de los que se alimentan de magia. Te recuerdo alta (trillada, a ras del sol, a contraluz y por encima de todo). Eras bella, etérea, intocable e inmortal. Y recuerdo cuando probaste sangre, que bajaste un poco, que sobrevolando la ciudad descubriste humanos. Eras energía y eras paz (y aún no desciframos cómo habías llegado a ser eso). Pero (ingenua, como te pintás) entre muchos viste un ser bello y, tras seguir su sombra un rato, (con toda tu predadora naturaleza) te lanzaste en picada a por su rastro.
Inmunda masa putrefacta, te dejaste arrancar ojos y alas, soltaste el control y bajaste la guardia. Inmunda masa putrefacta, te disfrazaste mundana; y no bastándote con eso, explotaste.
Vos conocés tus capacidades (sabemos que así elegiste la batalla), sabés que hay un precio para cada regalo (y que al regalarte a ti misma ese humano, abandonaste tu naturaleza). Ahora, maldita (e inmunda) masa putrefacta, has venido llorando, y no entiendo que búsqueda nueva te has fijado.
Te vi rebajarte ya en tierra, primero con paciencia y luego con dolor. Te vi ofrecer luna y sol por algo que no valía ni una simple brisa. Y luego, tras dejar a tu instinto sacarte del error, te vi humillarte borracha; implorar lo ridículo y pedir lo imposible (que estaría bien si hubiese sido solamente por algo físico). Finalmente hoy, te vi repetirlo: la humillación (sobria), el llanto y la entrega, por un peso que me has pedido te remueva.
Te pido explicaciones, inmunda masa putrefacta, ¿porqué ahora, hundida, das lástima? Decís ser Midas, volviendo fría materia (asesinando) todo a tu paso; te llamás horrible y causante de asco (que te olemos y empezamos a considerarlo); rebotás contra las paredes gritando.
Dime, inmunda masa putrefacta, ¿tan bajo has llegado? (escuchamos tu llanto, decís querer amarlo, decís mediocridad y carencia de valor, decís asco, asco, asco). Se te ha olvidado que no sólo tus ruegos (hipócrita) son escuchados, que también hemos oído la carta que lavabas con agua salada para tu madre y tu hermano; que también nos enteramos de la conversación con el amigo sobre posponer la búsqueda (y que agregabas en tu mente "para ahorrarte el espanto"); que notamos a tu sonrisa transformarse. Y también los planes exactos que estuviste armando (la renuncia, las despedidas, las ventas y todos los papeles que en tu mente ibas ordenando). Te escuchamos llamarte inservible, vimos cuando te clavaste las uñas buscando sangre (y sin ellas, te vimos encontrarla); y ahora presenciamos cuando en angustia decís querer llenar tu cuerpo de líneas, que el mismo refleje tu valor y tu causa. Ahora, inmunda masa putrefacta, presenciamos el recurrente lamento que vuelve cuando pensás haberte equivocado.
Pero no es todo reproche, en algo has acertado: das asco.
Te pido explicaciones, o aunque sea excusas (esas que adorás tanto) que me den una idea de porqué lo has hecho. No le engañes, no es realmente uno de ellos como para caer en tan simple trampa. Dile que quieres distraerle, que si enfoca todo el dolor en un ser de sangre caliente le será más fácil rearmarse.
Quisiera tener un poco de aliento para darte, un deseo que te empuje o una esperanza que haga volver al viento a ser el obediente súbdito que era. Quisiera nuestro poder lo abarcara. Pero, inmunda masa putrefacta, ya no sos de las nuestras, ni podemos ayudarte. Andá y rayate el alma. Entreganos y dejanos empaparnos de ese odio que has venido acumulando (sabés que nos encanta). Andá, dejá de implorarnos por algo que no nos conmueve y cedé; que tus noches serán grises y pálidas.
Y, por favor, dejá de buscarnos, en nuestra garganta se acumulan las agrias babas que regresan con tu sola imagen (y a cambio, te dejamos encontrar un poco más de sangre).
0 compradores:
Publicar un comentario
Decime que vendés y te digo cuanto te pago.