Hay un sonido que flota, un ir y venir de esquinas y sus cuadras que se esconden atrás. Hay un ruido, un aparato que gira en redondo, un animal peludo que pide comida a los gritos, los pasos de alguien en el fondo de la cabeza. Hay algo afuera. (Un ojo y de pronto la vida entera)
La sensación de resaca por el sol que se cuela, que nos agrieta la piel y las uñas, que nos hincha los pies y araña la espalda con sus garras de acero. La sensación de resaca y la (eterna) sed de sangre.
Viernes.
El día antes de correr nadie debe moverse, no se puede parpadear. La luz tortura y el aire nos cierra la garganta desde adentro.
Hincharme (no, inflarme) y escupir todo el odio. Escupirte a ti y tus amables palabras, dejarte donde estás.
No sé si has llegado como un rescate, como una segunda oportunidad.
"Nuez tan simple."
No, no lo es. Nada nunca lo es.
Esto de volver a sentir se vuelve tedioso (si sumás las hormonas y el cansancio, es más errático que el clima).
Fue dicho que hay experiencias necesarias, que este viaje me tocaba sola. No parecía que llegara a esto. Probablemente quien advirtió tampoco.
Criatura, ¿alguna vez te detuviste a pensar el dolor que causabas cuando te alejaste así? ¿...la soledad que imponías?
Parece necesario hablarte en canciones, quizás así entiendas la gravedad de esto.
Noches de frío se acercan, todas rodeadas de sombras que llevan tu olor, tus ojos, tus susurros de ideas mágicas. Noches eternas, faltas de sueño y con despertares intercalados. Noches sin tu presencia (era una amistad perfecta).
Empieza como siempre, al sentarse tras un viaje. Teclea despacio para no despertar al gigante que ronca (es un gigante herbívoro, pero gigante igual). El río a las espaldas corre intermitente, se cuela entre inclinaciones de luz que dejamos olvidadas.
Hay, arriba de todo, una forma de respirar en silencio (la noche se ha vuelto oscura, casi amanece). Y el goteo del respiro de los otros nos mantiene consciente (queremos guardar silencio).
La conversación se ve interrumpida (a una sola mano) por la compañía que vuelve. Sin disimulo, pero majestuosa como es, la pantera trepa y se sacude, se convierte en una fiera pequeña, cómoda como ella sola. Y se esconde bajo las sábanas, tiene sueño. La fiera que duerme las mismas horas que nosotras, así como apaga el cerebro.
Suena el río.
Rodearse de una paz infinita, el único sitio hasta ahora donde los gritos infantiles no molestan. Sentarse y leer, sonreír, mezclarme con el ambiente. Todo, para darme cuenta que a fin de cuentas la historia era otra y se ha vuelto ridículo cada intento.
Me he cruzado de piernas (hoy que soy una) y he visto al frente, hacia las piedras. En ellas veo luz naranja. Siento el frío recorrerme cual camino, me convierto en atracción turística.
Hoy me crucé con un amigo, llovía. Si llueve, cruzarse con un amigo es divertido.
Esta versión de mí incluye largos momentos incómodos y mucho jabón entre los dedos. Esta versión de mí es molesta, se le duermen los pies.
Esta versión de mí...
Hay alguien a quien odio, que no me regala dos minutos a solas. Dicen que tiene derecho, yo le llamo "mujer". Me fui a comer
Escapando paralela, me escondo con columnas, botellas y puchos. Bajo una sonrisa, bajo una pérdida leve. Me escondo y me veo reflejada, en mi escondite, demasiado distinta. No necesito mas que este disfraz que me fui cosiendo (a ras de piel) para pasar inadvertida donde pueda robar tranquila.
Energía, energía.
Entonces encontrar, en el más olvidado de los rincones, una ilusión que nos alimente. Sueño con dioses, energía y asesinos muertos... luz y mares.
Piensa que es crujiente el sonido de las cenizas. Que las cenizas no hacen ruido.
Se implanta como ser de riachuelo, como pez pequeño, redondo y de colores. Los ruidos le impiden continuar el paso y finalmente cae.
Despierta.
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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.