Despertaba con los rayos de sol sobre el rostro; con plena conciencia de una mañana invernal tranquila, de las que fueron hechas para negarse a salir de la cama. Al sentir la brisa cerca de la pierna (del otro lado de jeans) recordó dónde estaba. El sol hacía las de abrigo y la mochila acomodaba la cabeza. ¿Cuanto tiempo habría pasado? Juzgando por el frío aun no era mediodía.
Tiempo de correr.
Tras quitar el último pedacito de grama seca pegada a la chaqueta y despedirse con un beso del extraño que platicaba, tiró la mochila al hombro y empezó a caminar para no detenerse por varios días. Pensó en lo que dejaba atrás, el sol, el viento, el agua...
Definitivamente era hora de volver, las tripas lo decían a gritos.
Pasando la reja un perro con correa se le acercó nervioso, parecía suplicar. Sería mejor haberse quedado adentro (quizás del otro lado del agua). Solo eran unos cuantos pasos hasta la puerta, la almohada y el plato frío dentro del microondas a la mañana. Un beso y seguir de largo.
No era nada. Parecía miércoles, pero no era nada. Viento al rostro, la nariz perfectamente helada. Había elegido una curiosa manera de volverse insensible. Pero qué hacer, si todos habían decidido olvidar en la última semana...
No era tiempo de caerse todavía, pero estaban bien. Todos estaban bien. Recordó las palabras que escuchó a principios del otoño, mientras giraba la llave con una sonrisa. Vendrían, serían efímeros, serían fuertes. Luego el camino.
Al empezar a subir las escaleras se lamentó por no poder agradecer, o siquiera relatar lo sucedido. No estaba en la descripción del trabajo.
Un beso y seguir de largo.
0 compradores:
Publicar un comentario
Decime que vendés y te digo cuanto te pago.