(Que quede aquí encerrado y antes de soltar palabra alguna, esto pertenece al sitio de manera inconciente, pero antes de sacarlo pensé en la casa.)
Tener que bajar la pantalla y verse las manos, es lo que quedaba.
En silencio el psicópata sonido del aparato (aire acondicionado arrogante), se burlaba del clic de ideas.
Observarse: cada saludo, cada cercanía. Saber de golpe de que trata la idea. Tener esta clase de poder y que resulte tan lamentable, (inutilidad completa) un retrato de la sala. Imaginarse al viejo de los mares con la misma condena. Peso maldito.
Saber de golpe y no poder hacer nada, serán cosas de cajón de los tesoros. Quizás si él lo piensa sabría qué hacer; cómo lidiar con esto. Quizás no pudo (será por eso).
Y seguir respirando, buscar gente buena que lo aprecie, (por ahí tiene cura, por ahí hay una forma que a veces no afecte).
Dejar de ver cosas un pequeño momento. Soñar, pensar. Eterna idea de volver a la humanidad con plena conciencia de nunca haber partido.
Hace falta un color mas, uno que pinte las paredes por dentro. No saber (quizás está todo en el pelo), pero ser real mientras una de ellas come arándanos dejó de ser divertido.
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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.