Jamás se te ocurrió que estarías en este espacio, tras dudar y considerar una noche común como considerarías cualquiera. Jamás se te ocurrió que quedarías atrapada sin opción alguna.
Pero levantarse y vestirse, bañarse, comer, fumar, el espejo... siempre el espejo. En el orden que sea necesario, hacerlo todo y darse cuenta, de nariz y sin ganas, que no había opción. Este es el final.
Luchamos mil guerras, batallamos y sangramos, asesinamos sin misericordia. Este es el final, donde resulta demasiado simple bajar la cabeza y decir "hoy no puedo, nuez hoy el día".
¿De que nos sirve tanta sinceridad, tanto camino, si vamos a rendirnos antes de empezar...?
Quiero que vengás, necesito que vengás.
Y apegarnos a alguna canción que encontramos en el camino, aferrarnos hasta con las uñas y no soltar (no ceder), hasta que la canción ya no valga nada y lo que sentimos tampoco.
Que manera de desvalorizarse, esa sabia melancolía de noches de pasas.
Tiempo-pasta-de-zapato.
Vamos a mezclarlo todo, llenarlo de agua y dejarlo al fuego. Vamos a convertirnos en sopa de mariscos, para tener una excusa válida y de buen sabor. Vamos a huir una vez más, mientras gritamos por la calle al correr lo mucho que te queremos. Vamos a escapar, a escondernos, a llenarnos de autocompasión y esperar...
(A ver qué pasa esta vez.)
Me llené de buenos deseos, las dejé a todas creer.
Sabremos cantar de manera alegre, cuando esperemos frías.
Sabremos quedarnos calladas, si alguna vez nos miras (al borde de tu pantalla y siempre tan sonrientes) y no ves que tanto paso de por medio es lo que está apretando el nudo un día a la vez.
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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.