Varios días luego de recuperar los medios, ella está atrapada en un horario ajeno. En el invierno los días finalmente terminaron de ponerse boca abajo, y ahora ha perdido casi completamente la noción del tiempo.
Con nostalgia observa la rutina que empieza a consumirla, recordando los ideales que sostuvo cuando el tiempo no existía. Ya todo es una mancha borrosa en su libro. Ya todo es una mancha borrosa, pero de alguna forma eso está bien.
Se despierta pasada la luz del sol, y eso está bien. Se duerme con los primeros rayos, y eso está bien. Hace días que no ve un rostro familiar aparte de los que duermen bajo el mismo techo...
Ha pensado en ir por ahí, observar cosas nuevas. Irá sola ha visitar donde el invierno reina, irá a ver como los animales en este clima tienen las mismas tendencias.
Ella se transforma despacio en una sombra borrosa, una mancha, pero está bien.
Ella se convierte en su propia cueva, mientras se esconde del invierno. Pero todo está bien.
Hoy finalmente se decide a revelar que esta en su camino de regreso. Parecieran días eternos. Le dice a un mundo que no escucha, que pronto ha de volver. Les grita a todos, con ese aliento de "he dormido días y aun no me baño", les grita que viene llegando. Nadie presta la mínima atención, pues su estado de letargo hace que sus palabras casi suenen fantásticas. Pero sí, eso está bien.
No se desespera por la inerte reacción, es la que buscaba. No se altera por la soledad impuesta, por los días, ni por el tiempo. No se altera, pues está en el sitio que buscaba. Y a primera vista todo parece abandono, tragedia y casi un estado fatal, pero ella sonrie mientras se repite cuanto ha dejado de necesitar.
Se observa a si misma casi como una limpieza, como si el letargo, la austeridad y el aislamiento fuesen una forma de barrer y trapear todo lo olvidado de sí. Quizás por eso está bien.
Se observa y sonríe, volverá a comerciar.