23/10/12

Mañana de miércoles encapsulada en futuro

Empezar por un silencio, una queja en mudo. Empezar por el pensamiento (despacito) y no querer moverse. Despegar una pierna y luego la otra. Recordar que existo.
Empezar por arrancarse el pelo de la cara, un labio del otro, la mano del ojo. Empezar por reconocerla en el espejo (y sonreírle) mientras la peino despacio.
Empezar por la pierna izquierda en el pantalón, el brazo que se atasca en una manga retorcida. Empezar por el zapato (¿dónde?) y el libro, los cigarros, las llaves. Empezar por la puerta del edificio, el saludo rutinario.

Y al empezar, sentir la brisa, recordar que existo. Dar dos pasos (esa brisa) y decirme en voz bajita que así debería sentirse la primavera. Decirme que la lluvia, que las noches, que los caminos. 
Al empezar, sentir el mundo (sentirlo entero) y querer seguir sintiendo. 
Bajar en la esquina, subir las escaleras. La llovizna, el pasto crecido, la brisa... Recordar que existo, querer seguir existiendo. Así debería sentirse la primavera.
Llegar arriba y dar la vuelta, ver el sol que se esconde y sentir la brisa. Dar dos pasos, la rutina.
Salir del sitio, encender el cigarro y respirar. Saber que respiro (¿qué es esto?) y no poder evitarlo: la brisa y los cielos. Y en la llovizna hablarte, quererte cerca.
Recordar que existo, darme cuenta que existes. Quererte cerca.
Y escupir palabras como saliva amarga, escupirlas incansable hasta quedarme seca, hasta hacerme ligera. 
Entonces sí, dejar que me lleve (que me libere). Que la brisa sea viento, que la llovizna sea tormenta; y en un relámpago esfumarme para ser sombra cerca tuyo.

Abrir la puerta, verse en el espejo. Respirar y contarme los dedos, las uñas, los callos. Respirar y enumerarme para confirmar mi existencia. Recordar que existes.
Abrir la puerta y volver afuera, mirar el aparato. De nuevo el sol que no es y la lluvia que no cae. Así debería sentirse la primavera (en el aparato había algo).
Volver a la pantalla y esta vez sí, leer. Leerte y saber que eres la brisa, la llovizna (el sol que no es). Recordar que existo. Dos pasos y el cigarro, el humo, el aire, el pasto (el mensaje que no deja el aparato). 

Finalmente despegarme, escucharte ahí (tan quieto) y no poder verte. Recuérdame que existo, que soy esta. Cuento mis manos, mis dedos. Cuento los dientes y los pelos, cuento los brazos, las rodillas. Me sigo enumerando y no entiendo. Existo (en el mundo que compartimos) y estás tan cerca.

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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.