El silencio insiste en recordarme que hay un mundo real que puede ser vivido. Una sustancia en la vida que me ata a mi misma. El silencio insiste y yo le subo el volumen a la música. Estoy tan cómoda.
Me muevo en el asiento y cambio la página, esto puede ser un buen vicio.
Pero a mi me cuesta despertar, me aferro a mi sueño. No respiro, no pienso. Este vacío es tibio y negro (mi propia penumbra me abraza). No puedo evitarlo, quiero.
Quizás si sólo me muevo un poco, quizás si no abro los ojos.
No, es real y eso implica moverse después. Hay que alegrarse y celebrar que es real. Recordar el sitio al que te diriges, la compañía con la que cuentas y simplemente sonreír.
"Demasiado adictivo" ...esa nuez manera de hablar de la rutina que tanto apreciás. Seguir hablando y darme cuenta que esta rutina es el sueño y que vuelva el impulso de olvidarlo todo (saltar del décimo piso). Retroceder el tiempo y volver a estirarse, no abrir los ojos y así no tener que volver.
Retroceder el tiempo (¿adelantarlo?) y no respirar, no dejarlo continuar. Aferrarme al silencio que tanto insiste en hacerme regresar (ese grito inaudito que no pudiste censurar más). Aferrarme al silencio y saborear de antemano el porvenir, momentos inexactos de energía pura. Aferrarme y apostarlo todo (all in) ...todos se habían bajado Ute, ya era tuya la partida.
Cierto que me toca repartir, ¿dónde quedó mi vaso?
De nuevo mi boca que me lo recuerda al no abrirse. Esa mente maldita que lo repite y me sofoca las ansias.
De nuevo mis manos, la torpeza que me expone. Creemos caos y que todos nos observen (para eso están).
Viene la tormenta.
¿Salís a la lluvia conmigo hoy?
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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.