Olvidando por una vez la línea que dibuja y sigue y sigue, nos encontramos flotando entre risas en un espacio suspendido. Era por tercera vez la repetición de tres asquerosos segundos de monotonía que se repetían cuatro o cinco veces por día, todos los días.
No parecía estar tan relacionado con el tiempo, y menos si todos los que reían aparentaban cosas muy lejanas a eso. Se dejó reír.
No sucede muy amenudo que escapamos sin notarlo y olvidamos sin querer, para escapar a un planeta plenamente sincero, con el sol en su despedida de un día breve, robándole lo efímero al silencio de la tarde para presumir su asalto en delgadas franjas de colores cambiantes; bajo los pies la húmeda tierra que se congela olvidada, el aire entre las voces, como ser luminoso de domingos eternos; y a lo lejos, siempre en su centro, la inmensa piscina donde nadan los duendes. Malditos hippies... Solo bastaba que estuvieran escuchando.
Almendras las voces se han ido, nos podemos volver a mofar de nosotras mismas.
Era tiempo, pero no esperar, era ver al tiempo y saberlo ahí. Dejarse de distracciones y continuar el camino, ver la película recomendada y saludar a todos los presentes. No existen las noches de frío.
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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.