Por alguna extraña razón, cuando estamos bien algo siempre sigue flotando...
Te dejás cruzar casi siempre la plaza, un pie a la vez que cruje contra las hojas, deja escapar el lamento de la prisa.
Y a las noches dos o tres vueltas antes de empezar a contar, que el frío no conquiste el silencio.
Sabemos que el lugar que elegiste para quedarte parada nuez el sitio al que pertenecés, pero es cómodo, siempre la comodidad viene primero.
Y la ropa, la basura, la comida, las cuentas. Todo se vuelve bastante simple. Un día tras el anterior, un día para que llegue el siguiente. Una larga espera.
¿Qué esperás? -que algo haga clic de nuevo, volver a flotar por el universo.
Pero que tibia que es la tierra...! y con ella las criaturas que la habitan, los sueños que relatan, las sonrisas que regalan.
Y con ella, una pequeña esperanza de encontrar las baterías de nuestro reloj.
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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.