16/5/11

Cadaver exquisito en debar

En un bar cualquiera se repiten los sonidos.
A veces la puerta queda abierta.

Era un sapo sin alas, condenado a saltar.

Agotados de tanto oír entusiasmo desdoblado sin abismales trozos de calle, parece infinita pero no.

"Era un cerebro que latía!" Exclamé de golpe sin poder silenciar mi eufórica risa. Imagen enclaustrada que no es invisible y menos visible. Pero solo cuando los colores que traían la lluvia.

Nos regalaban un interminable sueño, una tormenta de días nuevos.


Desde tu nube me cantas un sueño, me dices qué viene.
Algo que rescatará tus raíces hasta que se planten en la luna.

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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.