No iba a ser hasta que sintiera las gotas que la joven se iba a dar cuenta de la tormenta que se le venía encima. Pero por casualidades de las que disfrutan sin ser explicadas, se detuvo unos minutos a buscar una respuesta; encontró una luciérnaga que volaba errática cerca.
Se decidió a prestar atención por una cosa que había leído, algo de la obsesión con la objetividad en el deseo de ser objeto. Esto lo encontró en un libro que la lucesita verde intermitente le había señalado.
Se sonrió hacia adentro y despacio empezó a caminar hacia la mancha verde, que la lluvia la encontrara ahí, con sus regalos de año nuevo. Se sentó cerca de la orilla y como quien espera que la tarde pase, dejó a su mirada divagar mientras terminaba de pasar algo.
Se les llama luz, luciérnaga... Seres intermitentes que transmiten ese misterio, esa sensación pastosa de algo real, de algo guardado muy en secreto.
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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.