Todo regresa, incluso la desesperación sofocante de las noches cómodas.
Si pudiese explicar con palabras simples cómo todo se revuelve, cómo se mezclan los sentimientos de todo un día y a la noche se cocina como pastel de huevos rancios; si pudiese explicarlo diría lo anterior.
Pero no puedo.
Las ansias pueden carcomer ejércitos enteros, pueden contra nuestras luchas y nuestros sueños; las ansias trabajan cual si fuesen hormigas, constantes y pequeñas.
Las palabras se las dejamos al mar, que sus olas se las lleven. No de mucho nos han servido últimamente. Nos sentamos a admirar esas olas, a llenarles servilletas de versos que no saben leer, de palabras que con un roce podrían borrar.
Desde muy pequeña siempre me dijeron "la mar es traicionera, nunca le des la espalda al mar", por eso siempre me he acercado de frente, sin temor y sin secretos.
Aún así traiciona, nunca le des la espalda al mar.
Te vas sepultando orgullosa, te vas sepultando en tu propia rabia. Creés que si te cubrís con suficientes capas nadie te alcanza, nadie te toca. Creés que toda esa rabia apestosa va a evitar que encuentren tus secretos.
Pero tus mentiras nadie las sepulta, ahí quedan al aire fresco esperando pudrirse.
No quiero saber qué máscara irás a colocarte entonces, cuando vengan preguntando; cuando quieran conocerte.
Simple niña asustada.
Lloriqueás por todo lo que encontraste, por tanto cambio. Las cosas que no debían cambiar, las cosas que sí y no pasó nada. Te quejás por hobby, por falta de mano izquierda. Pero debo alegrarme, te cambiaron por versiones estables.
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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.