Hemos visto autos con placas de todos tamaños y colores, hemos visto más de cinco mil rostros.
Hemos puesto los pies en la tierra y visto el cielo con tantos ojos nuevos como días han pasado.
Hemos subido y bajado de trenes, carros y aviones; chequeado pasaportes y documentos.
Hemos logrado llegar a Madrid.
Y hoy, día cuarto, notamos de nuevo la magia.
Es la ciudad de cuentos, de arte olvidada, de secretos, de sexo. Es la ciudad que menos esperábamos, donde realmente queremos estar ahora. Y donde la pintura, como quien ve a una persona: