19/9/10

Queriendo Volver

Llegó al lugar como quien llega a una fiesta por compromiso: nerviosa y en espera de partir.
No ha pasado tanto tiempo, siglos sin luz.
Siempre existe descrito como un limbo, una nada, un momento indefinido.
¿Cómo encontrás tu lugar si no sabés dónde estás?

Llegó al lugar con velocidad y brisas marinas. Predijo días oscuros y días de calma.
Conoció espacios y dibujó líneas, hasta crearse cuatro paredes que le encerrasen; ahora se queja.
Verla me recuerda a mi, a lo que me veo hacer, las cosas que digo.
Verla me recuerda a lo que buscábamos, todo para darnos cuenta que nunca fue así: la vida no resultó ser cafés y libros, ni brisas, ni cigarros de paz.

Hay un pedazo de ceniza que ha caído sobre su regazo, mientras su mano sostiene con solidez el envase con su nombre y en su boca guarda el sabor amargo.
El sillón se deja moldear a la figura de adolecente en reposo, los pies estirados se cruzan al final, y con el bolso sobre la mesa, imito sus movimientos.
Es solo una tarde de jueves, de las frescas, el sol trae buenos recuerdos y el café da la ilusión de eternidad. Casi quiero creer que nunca salimos de casa, ¿...podría haberla encontrado sin salir?

Al ver en el reloj media hora pasada; y sentir el envase vaciarse finalmente, deja caer lo que sostiene en su mano izquierda, apagándolo con la suela y recordando el mundo de afuera.
La fantasía es corta, pero alimenta. El sentarte en esos sillones igual que ella, y creer por un par de minutos que todo gira en torno a esos momentos, al libro que tengás en mano y la temperatura de tu bebida; el cigarro.
Si supiera ella, si me lo dijera, que todo es en sí una representación de la brevedad de si mismo. Nada peor que algo que se consume por si solo, tal como el ser humano...

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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.