Ya frente a la puerta de salida se dio cuenta que no era la chaqueta lo que le molestaba, y el clima mucho menos. El colectivo se detuvo repentinamente, casi tirando tres cuerpos enteros al suelo y revolviendo las ideas de chaquetas, clima y compañías con la urgencia de salir de ahí.
El silbido de la partida del colectivo sonó a sus espaldas, los ojos del chico le gritaban lo siguiera; y ella por inercia continuó calle abajo en contra de la llovizna que caía. Un triste miércoles empezaba expandiéndose como peste sobre los primeros días de primavera.
"Solo quería preguntar si te acordás que fuimos amigos" Le dijo al aparato que sostenía contra su oreja un par de horas después mientras recreaba el pedazo de mañana.
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Decime que vendés y te digo cuanto te pago.