Hoy no es de esos días en que las cosas no funcionen, ni de los días en que nada se siente bonito.
Tampoco es de los días en que nada falla, ni aquellos en los que nada es normal.
No, hoy no es.
Hoy estabas con tu incansable sonrisa observándome despacio, recorriendo mi espalda a parpadeos, mientras sabias que la pared y ventanas que te separaban, eran tan sólidas como la banca de madera donde me había sentado.
Hoy te dejé en el estudio, cruzando esa puerta verde de metal que rechina al abrirse. Te dejé ahí parado, despidiéndome desde tu sitio. Te dejé con tu alegría clandestina, la que llevás contigo a todos lados, bien escondida en la bolsa de ese viejo jeans pegado, para que nadie sepa que sí, que sos feliz.
Hoy, es que hoy estabas, como siempre, como deberías. Hoy estabas como sos, como te quiero, como te recuerdo...